viernes, 30 de enero de 2015
martes, 20 de enero de 2015
FEUDALISMO
EL FEUDALISMO
El Rey otorga tierras a sus barones y obispos más destacados a cambio de su lealtad y de la entrega de una dotación de soldados para los ejércitos reales.

Estos nobles a su vez dividían el feudo entre nobles inferiores que se convertían así en vasallos.

El estamento inferior de la escala social estaba ocupado por los campesinos o siervos.

Los campesinos trabajaban la tierra y producían los bienes que necesitaban el señor y su heredad. Aparte de los fuertes impuestos que pagaban, estaban obligados a entregar al señor feudal gran parte de su cosecha, a cambio de vivir y trabajar sus tierras, el señor vasallo ofrecía protección a sus campesinos, si bien eso solía implicar ejercer la justicia sobre ellos.
La construcción de fortalezas o castillos constituía tanto un centro burocrático para el feudo como un medio de protección para muchos de sus siervos. El castillo permitía controlar la zona circundante y, en caso de conflicto entre señores rivales, ofrecía refugio al noble residente

lunes, 19 de enero de 2015
Un móvil, un váter y el tráfico de Nueva York
Un móvil, un váter y el tráfico de Nueva York
Todo empezó como un día normal. Bueno, en realidad no, a diferencia de los demás días, hoy por fin había conseguido colarme en el pentágono y hacerle las fotos a los planos que me habían pedido en Rusia. Estaba de camino a Nueva york para coger el viaje de vuelta. Ya había cogido 4 trenes e iba por el quinto y último hasta Nueva York... Pero fui impaciente y quise mandar las fotos y deshacerme de las pruebas lo antes posible. Para esto, decidí irme al baño y allí proceder con tranquilidad. Llegué hasta el baño, cerré la puerta y finalmente me dispuse a ello. Estaba por mandar las fotos, cuando de repente, el tren pegó un frenazo y tropecé. A la que me di cuenta, ya no tenía el móvil en las manos. Se estaba deslizando por el váter y poco a poco lo perdía de vista. Sin ni si quiera pensar que el móvil ya no funcionaría, me lancé a por él. Y eso hice, metí el brazo por el váter en su busca .., pero nada. No lo encontraba, hacia mucha fuerza con el brazo, y mi torso se iba acercando más y más a la taza del váter. No puede ser, no me puede estar pasando esto a mi, pensé. Desafortunadamente, si que me estaba pasando, y la cosa no acababa ahí. Entre sollozos y arcadas me pareció percibir que el tren se detenía. Guardé silencio un momento. En ese momento escuché unas palabras que no no olvidaría en mucho tiempo. "Último destino, Nueva York". Ya no me preocupaban ni el móvil ni las fotos, yo solo quería salir de allí, desaparecer, coger el vuelo, y volver a Rusia. Me dispuse a sacar el brazo, pero, se me había quedado atascado. Tiraba de él con fuerza pero nada, no salía. Aquello parecía una pesadilla, no se podía poner peor la cosa. Pedí a gritos ayuda esperando que algún pasajero lo escuchara, pero justamente pasaba el revisor por delante de los baños.
-¿Estas bien?, ¿Necesitas ayuda?
Joder, que mala suerte, pensé. - Sí por favor, pasa, se me ha quedado el brazo atascado en el váter...
-¿¡Que que!?
-Si, ha oído bien, intentaba recuperar mi móvil, se me ha caído por accidente.
El revisor entró al baño y tiró de mi brazo con fuerza todavía con cara de asombro, pero nada, no había manera. No se movía ni un centímetro. Yo solo sentía que se me iba a dislocar el hombro.
-¡Para animal, me vas a partir el brazo!
-Tenemos que sacarte de aquí enseguida, vas a retrasar el viaje de muchas personas.
-Arrancándome el brazo no mejorará la situación. ¿Le parecería agradable ir al baño y encontrarte una extremidad partida en el retrete?
- No se mueva de ahí, voy a buscar ayuda.
Si pudiera moverme no se hubiera producido todo esto... A los 5 minutos escuché las sirenas de los bomberos. Vaya situación... Todos los pasajeros desalojados tenían que pasar por delante de los baños antes de abandonar el tren, y el revisor se había dejado la puerta abierta. Todos y cada uno de ellos me echaba miradas asesinas u observaban desconcertados aquella estampa.
A los 5 minutos aproximadamente, llegaron los bomberos al baño, y una vez allí tardaron otros 15 minutos en desmontar el váter. Por fin saqué el brazo de allí, pero a la salida me esperaban unas cuantas cámaras. El "pequeño" incidente había atraído la atención de toda la prensa. En resumen, la misión fue todo un fracaso, y yo llegué a Rusia por suerte, pero todavía rojo como un tomate...
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